Los grandes ciclones, tan ligados al tema, me traen muchos recuerdos me agradan, como a muchos choyeros; curtidos en ellos en tiempos que no nos aterrorizaba el nuevo Jacobito de Televisa con "El Monstruo" que nos amenaza. Escribo esto hoy primero (martes) de septiembre "día crítico"?. Yo les acabo de decir a mi familia que no llegará, ¿porque? pues acabamos de ver 3 pelícanos en Palmilla clavándose por sardina, 1 gallina y su prole picoteando en el patio, 3 torcacitas y una pitahayera también.
(De hecho, siempre les tenemos agua y alpiste, llegan calandrias, huitlacoches, gorriones, pájaros azules, etc.) A deleitarnos a maravillarnos; y me quita un poquito los cargos de conciencia que arrastro desde mi niñez por múltiples "pajaricidios" allá por Santiago (luego les platico).
Ya endenantes les decía que acá, los rancheros sabían si venía el coco al ver tapar sus madrigueras a los cachorones, (lagartijas) y al observar el comportamiento de las aves, mucho antes de que hubiera satélites, Internet y periódicos, pero había gallinas...
Las gallinas de doña Goya
En el gran ciclón del 58, me tocó un día antes de que nos pegara, ver a la esposa del Sr. Bertín (troncos añosos de respetables familias josefinas) espantando sus gallinas de la cocina... ¡y se volvían a meter, una y otra vez! ellas y los "pájaros chubasqueros" que oímos pasar, sí sabían más que López Dóriga de chubascos, así como la gran cantidad de enormes cangrejos azules que se salían del Estero, pues "alguien" les avisaba ¡que ahí venía el arroyo!. Así que aquí me tienen escribiendo del Estero y de ciclones; si pega ya me reclamarán, pero... las aves no se equivocan!!!.Muchísimas generaciones de jóvenes disfrutamos aquel prístino y maravilloso Estero, (a la mía, nos tocó en los 50tas) pendientes de cuando "se abría la boca" para ir a fisgar lizas, robalitos y agarrar camarones guirotudos en los tulares, (quedaban casi en lo seco) ¡pensando en el caldo!.
"El Chino" Navarro (¿Qué pasó hermano?)
Me devuelvo, (ya andaba fisgando lizas) para recordar con cariño a uno de los huerteros que cooperaban (a chaleco) con las verduras. Sigo pensando que "El Chino" se hacía de la vista gorda cuando, en el viaje de ida, "pedíamos prestado" mangos, ciruelas, cítricos, (limones, indispensables) "aguacatitos, chuma", alguna guanábana si la encontrábamos "mal parqueada", como no. Navarro decía: "ustedes tienen el zarzo bajo, hermanos" (en los ranchos, el zarzo sirve para poner a orear los quesos), refiriéndose a las "nuevas" generaciones que teníamos oportunidades de ir a estudiar fuera.
Las jaibas, enormes, las atraíamos con una liza amarrada a una piolita, arrojada 3, 4 metros de la orilla, en poco tiempo ya la sentíamos "pesadita", se empezaba a jalar y en el viaje se "pegaban" 2 o 3 más a 1/2 metro de la orilla, podíamos fisgarlas.
Por supuesto no sólo de jaibas vive el hombre: agarrábamos cangrejos para que los indicados fueran a pescar roncadores y blanquitos al mar (a unos metros, nomás cruzar la barra arenosa), camarones guirotudos ya los teníamos. Los puyequis, machuris y lamamichis no se comían (¡entonces!).
Al Estero aquél, año con año; llegaban gansos canadienses en el invierno, que la gente les decía "de collar" y eran ri-quí-si-mos, ¿verdad, Berra?. No siempre había, pero sí gallinetas (negretas) a las que "tullía" a gritos destemplados uno de la trompilla: nunca me parecieron apetecibles, hasta la fecha pueden verse en ese añorado cuerpo de agua, que en siglos pasados abasteció del vital líquido a la nao de Filipinas. En cambio el pato salvaje de collar, los llegamos a cazar muchas veces con rifle calibre .22, cualquier joven de entonces era buen tirador, palomeros... y liebreros!, pero volvamos al caldo digo, al Estero.
Siempre se confeccionaba en botes de 20 litros "alcoholeros". Ocasionalmente, también les agregábamos camarones "de castilla", esos sí me gustaron siempre, pero agarrarlos era más difícil pues seguido nos cortaban con sus poderosas tenazas, (muy delgaditas en los "guirotudos"). El agua para el caldo era ¡del Estero! ;aguas limpias, que yo recuerde, nunca vimos que alguno de nosotros enfermara y el sabor, el disfrute de aquellos legendarios caldos son inigualables. En ningún restaurant de la canica podríamos saborearlos, sólo en "nuestro Estero" y es que les echábamos... ¡hasta de la madre si se quiere!, pero quedaban muy buenos. Mi "plato" (en el que me servía, pues) era una lata de sardinas, de las ovaladas. Todos nos volvíamos a servir (en el restaurant: ¿tienen pato salvaje?... no señor, pero ¡ahorita le encaboronamos una gallina!).
¿A quién pueda beneficiar la muerte del Estero? ¿Queda mejor por ahí un Kentuki Friend Pollo o un Cojco? ¿No creen que sería bueno Exigir al municipio y al estado salvar ese pulmón josefino donde pululaban más de 100 especies de aves, algunas endémicas, y que ahora sólo algunas van? ¿Acabaremos también con las grullas y las garzas? ¿De veras nos vale madre?...
¡Menos mal no; no a todos!
Hasta pronto, paisanos.
Hugo Payén Izábal/Choyero ecologista. (Ahora)
http://twi.gy/9cZ8


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